Cuando el ratón Bemol decide visitar Hamelín, el lugar del que procede su larga estirpe de ratones melómanos, se encuentra una comunidad ratona en la que la música está prohibida. Desde que, siglos atrás, ocurrió el incidente con el flautista, nunca se han vuelto a escuchar tarareos, ni nanas ni tan siquiera canciones de amor.
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