
Uno se llamaba Sim. Otro se llamaba Sala. Otro se llamaba Bim. Sim levantaba dos perros San Bernardo con una sola mano. Sala podía correr tan rápido como el viento. Bim jamás se equivocaba en sus cálculos y creaba versos como un poeta. Juntos se transformaron en Simsalabim. Y ya nadie fue capaz de detenerlos.
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