
Primero le llamaron Michi-Michi, cuando era tan pequeño como una salchicha con rabo y disputaba la comida con sus cuatro hermanos. Fueron tiempos hermosos, vividos despreocupadamente. Más tarde vinieron otros nombres, otros amos -con uno de los cuales llegó a ponerse tan gordo y relleno que más que un gato parecía un cojín-, y otras aventuras...
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